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“Cuando empecé a meditar, lo busqué porque estaba en un punto de mi vida que quería paz interior. Jamás imagine cómo realmente meditar me cambiaría la vida. Por eso digo que la meditación me llego, o la llame porque lo que realmente necesitaba, lo que realmente quería (sin estar consciente de ello) era un cambio. Un cambio de mentalidad, de actitud, de diálogo interno, de como me trataba y como me hablaba. Con la meditación empecé a descubrir un mundo interno que se ha ido reflejando en el exterior. Empece a ver el mundo diferente. Al poco tiempo de ser meditadora me embaracé y una vez más pase por muchos cambios. La meditación me ayudó a estar nivelada, a entender mi poder de creación, mi querer darle seguridad, paz y amor a esa vida que se formaba dentro de mi. Llegue entender la conexión con mi bebé más allá de lo físico. Entender cómo somos canales de luz, que somos amor y estamos intrínsecamente conectados con la energía de creación del universo. Somos un pensamiento en la eternidad. Cuando Rafaela salió de mi vientre para entrar a este mundo material fue algo transcendental y al meditar después de su nacimiento entendí y sentí nuestra conexión con el todo. Naturalmente, mi vida dió un giro de 180 grados y sentí el peso de la responsabilidad hacia con mi hija. Sentí miedo, sentí incertidumbre, sentí una vez más perderme en el caos del crecimiento y el cambio. Era mucha información, energía completamente distinta, nueva y una gama de emociones jamás antes sentidas. Pero poco a poco, meditando, aunque se sentía y aún hay veces que siente incómodo empecé a conectar y conocerme en esta nueva etapa. Cómo madre, no hay nadie ni nada que te prepare para lo que viene. Cada día es una sorpresa, pero meditando, conectando conmigo y con mi hija encuentro mi centro. Y encuentro el balance y mis pasos firmes y certeros en este camino desconocido. Uno de los regalos más preciados que le he podido dar a Rafaela es esto. Transmitirle luz, amor, seguridad, empatía con ella misma para que así lo pueda dar con los demás. El mundo parece desmoronarse, el tiempo parece ser no suficiente, pero todo eso desaparece cuando medito porque reconozco que encarnamos en este planeta con un propósito, que realmente existimos en la eternidad de nuestras almas. Aprendo a ser suave, paciente, comprensiva y compasiva con mi proceso y el de los demás. Me lleno de energía y de vitalidad aún después de pasar innumerables noches de desvelo. Hay muchos que quiero cambiar tanto interiormente como en el mundo externo y he entendido que el cambio realmente empieza por y en nosotros. Siento que el meditar ha sido ese vehículo para ver manifestado ese cambio, aunque sea perceptible solamente por mi. Espero que a través de la meditación le pueda enseñar a Rafaela todo esto y que ella tenga las herramientas necesarias para salir a este mundo, tomar las lecciones quedarse con su propio aprendizaje y encontrar su propio camino. Que ella se sumerja en el alma de todos y todo lo que la rodea, para perderse y encontrarse y quedar en ello.”
-Fernanda, Mamá y emprendedora, 28 años