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Dios Como Experiencia

  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: hace 2 días

Pete Holmes es un comediante de stand-up famoso por hablar mucho de espiritualidad en sus shows. Creció en una familia muy religiosa y, con el tiempo, se fue adentrando en el estudio de la espiritualidad y en la práctica de la meditación.
Pete Holmes es un comediante de stand-up famoso por hablar mucho de espiritualidad en sus shows. Creció en una familia muy religiosa y, con el tiempo, se fue adentrando en el estudio de la espiritualidad y en la práctica de la meditación.

Por su historia y la manera en la que vive, gran parte de su comedia está directamente ligada a conceptos espirituales muy interesantes, que explica de formas chistosas y fáciles de comprender.


En la cultura judeocristiana muchas veces se piensa en Dios como un ser supremo representado como un hombre sabio con barba larga. Pero conforme vamos creciendo y adentrándonos más en el conocimiento espiritual, empezamos a percibir a Dios no tanto como un hombre barbón, sino como una energía, una luz, una conciencia que nos guía a lo largo de la vida.


Por eso me gusta este video de Pete Holmes, por su historia y la manera en la que vive, gran parte de su comedia está directamente ligada a conceptos espirituales muy interesantes, que explica de formas chistosas y fáciles de comprender.


Si vemos la luz filtrándose a través de las hojas de un árbol, como en esta imagen, podemos sentir la belleza profunda de lo que se está presentando y reconocer que es Dios expresándose de manera preciosa ante nuestros ojos. Podemos sentir a Dios cuando vemos un atardecer, cuando observamos el juego de la luz en el agua y ese efecto de brillantina que crea o cuando sentimos conexión profunda con algo.


Este tipo de experiencias despiertan nuestro espíritu y nos hacen sentir completamente conectados con lo divino, con lo celestial, con Dios, con la vida misma (o con lo que sea que le quieras llamar). Vivir esto es vivir en entusiasmo con la vida.


Curiosamente, la palabra entusiasmo viene del griego enthousiasmós: en significa “dentro de” y theos, “Dios”. Es decir, entusiasmo significa “tener a Dios dentro” o “estar inspirado por lo divino”.

Por ende, todo lo que nos emociona nos acerca a Dios, a lo divino y a lo celestial, porque eso también vive dentro de nosotros. Aquello que despierta y expande nuestro espíritu es nuestra conexión directa con la divinidad.


A veces ese entusiasmo lo sentimos viendo la luz brillar en el agua; otras, escuchando música en el concierto de nuestro artista favorito; estando con una persona; riendo con alguien que amamos; abrazando; o comiendo algo que nos encanta. Vivimos la vida a través de los sentidos, y es a través de ellos que tenemos el puente para experimentar lo divino.


El estrés nubla los sentidos, y por eso a veces no sentimos esa conexión con lo divino tan seguido. Pero conforme meditamos, vamos limpiando y puliendo los sentidos, y comenzamos a percibir lo sutil presente en todas las cosas. Es a través de esa sutileza que tenemos acceso directo a lo divino. Nuestros sentidos se vuelven más refinados: la vista, el oído, el olfato, el tacto… y con ello se abre la posibilidad de reconocer la omnipresencia de lo divino en todo.


Dios no está allá afuera, lejos de nosotros. Dios es una experiencia: una comunión con lo divino que está aquí, presente, disponible para ser conocido y experimentado. La pregunta es: ¿qué tan sensibles, qué tan disponibles estamos para percibirlo? Con la meditación, esto sucede cada vez más. Y no solo lo percibimos, lo vivimos. Vivimos en un entusiasmo constante por la belleza omnipresente de la vida. 


Con todo mi cariño y Jai Guru Deva,

Isa

 
 
 

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