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Normalizando el Camino

  • 16 mar
  • 3 Min. de lectura
Cuando tomamos el curso de Meditación Védica recibimos nuestro mantra, así como la instrucción y experiencia necesaria para convertirnos en meditadores auto-suficientes y continuar practicando diariamente dos veces al día. La consistencia es lo que permite que se desenvuelvan los infinitos beneficios de la práctica y nos ayuda a navegar los procesos de la vida con mayor facilidad.
Cuando tomamos el curso de Meditación Védica recibimos nuestro mantra, así como la instrucción y experiencia necesaria para convertirnos en meditadores auto-suficientes y continuar practicando diariamente dos veces al día. La consistencia es lo que permite que se desenvuelvan los infinitos beneficios de la práctica y nos ayuda a navegar los procesos de la vida con mayor facilidad.

Cuando comenzamos a meditar existe mucha emoción y entusiasmo al empezar a experimentar los cambios que surgen en nuestra vida. Después de un tiempo podemos normalizar esos efectos y caer en la trampa de pensar que quizá la meditación ya no nos está dando los mismos beneficios que antes.

Pensemos en cuando estamos en el tráfico: estamos cansados del caos y de estar atorados, y de repente vemos la entrada al segundo piso. Tenemos nuestro tag, subimos y comenzamos a movernos rápidamente y sin fricción. Sentimos un contraste enorme entre el caos de abajo y la libertad de avanzar sin tráfico y con una vista preciosa.


Podemos pensar que el mantra es como ese tag que nos permite acceder a un camino más rápido y eficiente. De pronto hay un contraste muy claro entre cómo era la vida antes, con más estrés y caos, y cómo ahora existe un camino distinto, con más espacio, más claridad y más belleza para disfrutar.

Pero después de un tiempo, aunque no cambiemos de velocidad, podemos dejar de sentir lo rápido que vamos. Tal vez ya no percibimos el beneficio de estar arriba o dejamos de notar el contraste que al principio era tan evidente.


Algo similar puede suceder con la meditación. Al principio los cambios pueden sentirse muy tangibles: quizá dormimos mejor, reaccionamos distinto, somos más pacientes con nuestros hijos, más eficientes en el trabajo o tenemos más energía. Pero con el tiempo esos efectos se vuelven parte de nuestra normalidad y podemos llegar a pensar que la meditación ya no está haciendo tanto.

La realidad es que la meditación nunca deja de dar, al contrario, los efectos son exponenciales. Lo que sucede es que normalizamos los efectos, y eso es una parte natural del proceso. No se trata de vivir eternamente sorprendidos por los resultados, sino de integrar esos resultados y estados de conciencia para vivir plenamente desde ellos.


Sin embargo, el intelecto es muy tenaz y puede empezar a aferrarse a la idea de que quizá ya no funciona igual. Aparecen las dudas y la práctica puede volverse un poco solitaria. Poco a poco puede disminuir la inspiración o la motivación para seguir practicando.

Por eso es tan importante apoyarnos en las meditaciones grupales semanales, que forman parte de lo que se ofrece de manera gratuita una vez que tomaste el curso.

Una de las partes más importantes de esta meditación es el linaje del que proviene, una tradición que exalta la relación sagrada entre maestro y alumno. La palabra Guru significa “aquel que remueve la oscuridad”. El rol del maestro no es solo enseñarte a meditar, sino acompañarte en tu proceso para seguir quitando la oscuridad de tu vida. El maestro te ayuda a ver el camino que has recorrido, a reconocer la velocidad con la que avanzas en la vida y a volver a mirar la vista preciosa que quizá habías dejado de notar.

El maestro también ayuda a corregir al intelecto para que puedas integrar y comprender el estado de conciencia que ya estás viviendo y vivir desde esa luz que cada vez es más fuerte.

En las meditaciones grupales no solo meditamos y reforzamos la práctica, sino que también tenemos sesiones de conocimiento donde exploramos temas relacionados con nuestra vida diaria. Es un espacio para hacer cualquier pregunta que tengas: técnica, personal, existencial o incluso cósmica y desarrollar a profundidad temas importantes.


Estos espacios nos ayudan a crear comunidad, a sentirnos acompañados, a tener más contexto sobre nuestras experiencias y a profundizar en el conocimiento. Tener este apoyo es algo muy precioso, y además es gratuito.

Estuve un tiempo sin hacer meditaciones grupales mientras estaba en mis aventuras en India, pero ahora que estoy de regreso retomamos nuestras meditaciones grupales de los lunes a las 6pm.

Son espacios poderosos que nos ayudan a aclarar el intelecto, traer más luz, entender dónde estamos en el proceso y renovar la inspiración para seguir adelante.


Los invito a todos a unirse en comunidad para meditar y compartir estos espacios sagrados. Me encantaría verlos por ahí. 


Con todo mi cariño y Jai Guru Deva,

Isa

 
 
 

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