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Todas Nuestras Versiones

  • 18 feb
  • 3 Min. de lectura
A lo largo de la vida vamos viviendo ciertos eventos y circunstancias que van moldeando lo que creemos que es nuestra identidad.
A lo largo de la vida vamos viviendo ciertos eventos y circunstancias que van moldeando lo que creemos que es nuestra identidad.

Cuando vivimos momentos de estrés vamos creando barreras de protección y mapas mentales para tratar de navegar la vida protegiéndonos de volver a cometer los mismos errores o de no tener que volver a sentir los mismos dolores. Las emociones que surgieron en momentos de estrés y que en algún momento nos ayudaron a sobrevivir, hoy en día nos limitan y nos encarcelan dentro de nuestros propios dolores. Encarcelan nuestra capacidad de sentir felicidad, de dar y recibir amor, de conocernos más allá de nuestra individualidad y de expandir nuestra consciencia. 


Cuando empezamos a meditar sabemos que la instrucción óptima es meditar 20 minutos en la mañana y 20 minutos en la tarde. La razón de porqué es el tiempo ideal es porque tenemos que ir deconstruyendo estas barreras en una manera dosificada. A medida que vamos derrumbando las paredes creamos espacio para expandir nuestra consciencia y nuestro poder infinito universal para que poco a poco podamos integrar y conocer quien somos sin ese estrés y con esa infinita capacidad que se está desarrollando. 


Cada vez que derrumbamos una capa de la pared y expandimos un poco nuestra consciencia, salimos de la meditación siendo nuevas personas. Parte de nuestro trabajo o más bien parte del regalo de la vida, es el conocernos en cada una de nuestras versiones. Cada vez que salimos de meditar se nos brinda la oportunidad de ver cómo nos sentimos sin esa carga que acabamos de liberar, de probar cómo me sabe la comida, de experimentar cómo me relaciono con otros, de ver cómo me veo, de vivir cómo se siente el amor y cómo se siente la vida. Al hacer eso, me conozco y me integro como esa nueva versión de mi. 

Un ejemplo muy claro de cómo vamos integrándonos en versiones más avanzadas de nosotros mismos es pensar en las matrioskas. 


Las matrioskas son unas muñecas rusas que al abrirlas a la mitad encuentras la misma muñeca pero más chica, y abres esa y hay otra más chica y así sucesivamente vas encontrando versiones más y más chicas de la misma muñeca.


Pensemos en las matrioskas pero al revés. Empezamos siendo la matrioska más pequeña. Y es desde ese tamaño que vivimos y procesamos la vida. Al empezar a meditar y derrumbar el estrés y expandir la consciencia, ya no cabemos en ese tamaño de matrioska, entonces tenemos que soltar esa vieja identidad de quien creíamos que éramos para podernos asentar en algo más grande y es entonces que nos convertimos en la segunda matrioska, más grande, con menos limitaciones, con más capacidad y mayor consciencia. 


Por un tiempo, la segunda matrioska se vuelve nuestra identidad. Pero al seguir meditando y evolucionando seguimos creciendo en consciencia y entonces hay un momento en que la segunda matrioska nos queda chica y necesitamos integrarnos en una identidad más grande y nos convertimos en la tercera matrioska. Y asimismo vamos expandiendo la consciencia y vamos creciendo en las demás matrioskas cada vez convirtiéndonos en versiones más grandes y más expandidas de nosotros mismos.


Uno de los grandes placeres de la vida es ir descubriendo y conociéndonos en todas las diferentes etapas de nuestra identidad y poco a poco darnos cuenta de que nuestro ser es infinito. Nos damos cuenta que somos una expresión divina del universo y que al irnos conociendo en todas estas facetas descubrimos y vivimos las infinitas cualidades del universo que están ahí disponibles para nosotros. 



Con todo mi cariño y Jai Guru Deva,

Isa

 
 
 

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