Trascendiendo los sentidos…


Vivimos en el mundo relativo, el mundo cambiante. Cuando meditamos experimentamos el mundo absoluto, el mundo no cambiante.

Al meditar experimentamos los niveles más profundos de la mente y empezamos a perder noción de los sentidos; los empezamos a trascender.

Primero perdemos la sensación del olfato, luego el sentido del gusto y después perdemos el sentido del tacto.

Por eso es que muchas veces en nuestra meditación dejamos de sentir las manos y se nos olvida en donde están. Podemos espiar y ver que ahí están, pero no las sentimos.

Eso únicamente sucede como un síntoma la des excitación que sucede al meditar.

Específicamente ocurre una reducción en nuestro ritmo metabólico y consumo de oxigeno el cual baja de 20 a 50% después de tan solo unos minutos de meditación (a comparación del 10% de reducción en oxigeno que sucede cuando dormimos).

Lo fascinante es que cuando esto sucede, estamos conscientes de ello. Esto nos demuestra que podemos experimentar estados de descanso profundo en un estado consciente.

El siguiente sentido que trascendemos es el de la vista, o la habilidad de detectar luz. Aquí ya estamos en la cúspide de trascender.

El ultimo sentido que trascendemos es el del oído. Es cuando dejamos de escuchar. Y entonces llegamos al estado absoluto y trascendemos por completo.

Esto no significa que no estamos, porque a pesar de que hemos trascendido todos los sentidos, estamos conscientes.

Lo que sucede cuando meditamos es que estamos entrenando al cuerpo a mantener un nivel profundo de des excitación para que ese estado de extienda a nuestro estado activo.

Por eso es que los verdaderos resultados los vemos durante las 18 horas de nuestro estado activo.

La receta es esta: establecernos en el Ser (el estado de menos excitación disponible en ese momento) y luego realizamos acción desde esa base estable.


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