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El Cielo en la Tierra

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    Admin
  • hace 6 días
  • 3 Min. de lectura
Muchas veces, cuando estudiamos ya sean religiones, textos o filosofías espirituales, es común notar que el cuerpo se considera algo secundario frente a la conciencia.
Muchas veces, cuando estudiamos ya sean religiones, textos o filosofías espirituales, es común notar que el cuerpo se considera algo secundario frente a la conciencia.

Incluso se tiende a pensar que el cuerpo puede ser un impedimento para llegar a tener experiencias trascendentes o cósmicas. Si pensamos en la idea judeocristiana del cielo, se cree que este es algo que únicamente vamos a alcanzar cuando dejamos el cuerpo (y eso si nos portamos bien).


Sin embargo, desde la perspectiva védica, el cuerpo es el vehículo a través del cual experimentamos lo divino, lo celestial y lo trascendente. Es mediante el cuerpo que podemos experimentar el cielo: el verdadero cielo, el cielo en la Tierra. El cielo no es algo que esté más allá, fuera de nuestro alcance; el cielo es algo que podemos experimentar aquí. Cuando expandimos la conciencia y limpiamos el cuerpo de estrés, podemos experimentar lo divino y lo celestial en absolutamente todo, y lo hacemos a través del cuerpo.


El cuerpo es la expresión divina de nuestra conciencia individual y el medio por el cual experimentamos la vida. Es nuestro templo divino personal, y es importante tratarlo como tal. Es a través del cuerpo que podemos vivir las sensaciones más preciosas de la vida: comer, reír, nadar, besar, abrazar, correr o cualquier cosa que nos haga felices. La conciencia necesita del cuerpo para poder experimentar y vivir.


La conciencia moldea la materia. Todo lo que existe es una expresión de conciencia. Por eso, cuando estamos enojados, esto se expresa a nivel fisiológico en el cuerpo. Todas las emociones que vivimos —las experiencias, los traumas— se almacenan en nuestro sistema nervioso. Nuestro cuerpo es un reflejo de lo que está sucediendo en nuestra conciencia.


Por eso meditar es tan poderoso: no solo por los beneficios emocionales que nos brinda, sino también por los beneficios físicos que se despliegan a partir de nuestra práctica. Cada vez que nos sentamos a meditar, le damos al cuerpo un descanso que expande la conciencia y le permite purificar las experiencias y toxinas que hemos acumulado con el tiempo.


Como meditadores, nuestra conciencia se expande a niveles cuánticos mientras el cuerpo procesa todo esto lo mejor y más rápido posible. Sin embargo, muchas veces la conciencia se expande más rápido de lo que el cuerpo puede integrar. Esto genera una gran carga, porque no hemos terminado de procesar una emoción cuando ya aparece la siguiente.


Esto puede llevarnos a desanimarnos y a preguntarnos: “¿por qué no estoy ahí todavía?”. Muchas veces nos frustramos con el cuerpo por seguir cansado, por enfermarse o por no recuperarse a tiempo. Le demandamos y exigimos de más, en lugar de darle el espacio, el descanso y la purificación física que necesita para completar todo el proceso que está realizando.


Al preguntarle a un vaidya, un doctor o especialista en Ayurveda, por qué a veces la meditación no parece ser lo suficientemente rápida para ayudarnos con esto, él respondió: “ahí es donde entra el Ayurveda”.

La Ayurveda se conoce como la ciencia de la vida: un conocimiento ancestral que, al igual que nuestra meditación, proviene de la Tradición Védica. Su enfoque principal es ayudarnos a regresar a nuestro equilibrio original.


Todo esto se los escribo desde Hyderabad, en el sur de la India, donde estoy realizando Panchakarma. Panchakarma viene del sánscrito: pancha significa cinco y karma significa acciones. Estoy en la clínica de la familia Raju, una de las familias que ha preservado este conocimiento durante generaciones y que trabajó de la mano con Maharishi Mahesh Yogi —el maestro de mi maestro— para revitalizar el Ayurveda y devolverle su lugar en el mundo.


Después de años de exigirle a mi cuerpo más de lo que podía dar, supe que era momento de rendirme al proceso y ofrecerle lo que realmente necesitaba. Me estoy dando este espacio para que mi cuerpo tenga una experiencia de purificación profunda, descanso, tratamientos especializados y una alimentación diseñada específicamente para permitirle regresar a esa memoria de salud perfecta que existe dentro de cada uno de nosotros.


Este proceso ha sido profundamente fascinante, porque al pausar y darme el espacio para limpiar mi cuerpo, he notado cómo se abre una conciencia que ya estaba lista para ser experimentada.

No todos podemos —o queremos— venir a la India a hacer Panchakarma. Pero lo que sí podemos hacer es ofrecerle al cuerpo esos espacios, ese descanso y esa nutrición que lo limpian y lo sostienen de la manera más profunda, para así poder experimentar la conciencia expandida que ya está disponible gracias a nuestra práctica diaria de de Meditación Védica.

Para que así podamos experimentar el cielo en la Tierra.

 

Con todo mi cariño y Jai Guru Deva,

Isa

 
 
 

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