Leela Shakti - El Teatro de la Vida
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— William Shakespeare, As You Like It (Act II, Scene VII)
Uno de mis personajes favoritos de la literatura védica es Krishna. Krishna es uno de los avatares de Vishnu y representa el estado absoluto encarnado en una persona: como si el universo mismo se expresara a través de alguien que sabe exactamente quién es y qué es en esencia.
Es uno de los personajes centrales del Mahabharata y, en particular, del Bhagavad Gita. En estos textos, cuando se habla de Krishna, se menciona que siempre hablaba sonriendo, incluso en medio de diálogos o situaciones profundamente dramáticas.
Krishna se muestra constantemente entretenido y disfrutando la vida, a pesar del caos que lo rodea. Es juguetón y travieso, aun cuando participa activamente en guerras. Lo fascinante de Krishna es que, aunque está completamente inmerso en la historia y es uno de los grandes catalizadores de todo lo que sucede, actúa con ligereza y gozo, observando cómo la trama se despliega ante sus ojos. Krishna sabe que todo es un teatro y que al universo le encantan las historias. Él forma parte de esa historia, pero también sabe que, en lo más profundo de lo cósmico, todo lo que existe es una sola conciencia, y por eso, pase lo que pase, todo está bien.
El drama y las historias que vivimos a diario son parte de ese gran teatro de la vida. A esto, en sánscrito, se le llama leela shakti. Leela se refiere al juego o teatro divino, y shakti es la energía femenina que lo crea y lo sostiene. Leela Shakti es la manifestación creativa de la conciencia expresándose como historia y como experiencia de lo que llamamos vida.
El universo, en su estado menos manifiesto, es conciencia pura. Esa conciencia pura decide experimentarse a sí misma en diferentes estados y se manifiesta como el universo que conocemos: creando formas, seres, experiencias e historias que conforman lo que llamamos la vida.
Cuando no somos conscientes de esto, quedamos atrapados en el drama y las historias, creyendo que es lo único que existe. Vivimos en estrés constante, incapaces de disfrutar la historia tan extraordinaria que se está desarrollando ante nosotros. Cuando meditamos de manera constante, sucede algo precioso: trascendemos el drama y comenzamos a identificarnos —a asentarnos— como esa conciencia pura.
Es entonces cuando podemos vivir la vida en tres niveles simultáneos. El nivel más profundo, como la profundidad del océano, donde todo es uno y somos pura conciencia. El nivel de las olas, donde la historia se despliega y somos personajes dentro del teatro de la vida. Y el punto de unión entre el océano y las olas, donde reconocemos que ambas realidades existen al mismo tiempo y que todo estará bien, sin importar cuán intensas sean las olas. Desde ahí, nos volvemos como Krishna: plenamente involucrados en la historia, pero sin tomárnosla demasiado en serio, disfrutándola mientras sabemos, en el fondo, que todo está bien.
Estando ahora en India viví una experiencia que me reveló esto con mucha claridad. Me encontraba en Rishikesh, asistiendo al retiro anual de mi maestro, cuando comencé a sentir un dolor fuerte en el cuello y la oreja. Al principio pensé que se debía a una mala postura al dormir, pero al tercer día noté los ganglios del cuello inflamados y sangre seca en la oreja. Le pedí a Dan que revisara y me dijo que tenía una garrapata en la oreja.
Al escuchar esto me abrumé y me asusté bastante. Tuvimos que ir al hospital más cercano para que la quitaran y me dieran antibiótico de manera preventiva. El hospital público de Rishikesh que era exactamente como probablemente te lo estás imaginando.
En medio del drama de esta experiencia, recordé a Krishna. Recordé que esto también era parte de la historia y que al universo le encantan las historias. Sabía que todo iba a estar bien. Estaba viviendo la experiencia desde todos los ángulos: una parte asustada, sin entender el idioma ni lo que estaba pasando, y otra parte interna, sonriendo, sabiendo que todo estaba bien y que esta era una gran historia. Ambas experiencias coexistiendo al mismo tiempo.
La meditación nos permite vivir desde ese lugar. Con la expansión de conciencia que cultivamos día a día, la meditación nos permite habitar la totalidad de la experiencia de la vida.
Y ahí es donde está la magia.
Con todo mi cariño y Jai Guru Deva,
Isa


























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