Cambio de Perspectiva


Es natural que como seres humanos queramos controlar ciertos eventos y como se llevan a cabo en nuestra vida. Pero la realidad es que sencillamente no podemos controlar eventos, tiempos ni tampoco podemos controlar la manera de actuar de otras personas o seres vivos. Pero en realidad todas aquellas personas que en algún momento hemos sido maniáticos del control, nos damos cuenta que en realidad fracasamos haciéndolo. Porque no podemos controlar absolutamente nada. Lo único que podemos controlar es nuestra perspectiva. Puede darnos un poco de ansiedad el pensar que no tenemos control sobre eventos, personas o tiempo. Pero en realidad es un pensamiento totalmente libertador. Porque al meditar empezamos a darnos cuenta, con certeza, que el universo siempre está actuando conforme lo que es mejor para nosotros y para nuestra evolución. Pensemos en si un niño chiquito quiere agarrar un cuchillo y te pide que se lo des. Claramente no se lo vas a dar porque sabes que si se lo das es probable que se vaya a cortar y lastimar. El niño puede llorar descontroladamente, enojarse contigo y no entender porque no está recibiendo lo que pide. Pero no le das el cuchillo porque, aunque no lo entienda en ese momento, lo estas protegiendo y haciéndolo por su propio bien. Exactamente lo mismo sucede con el universo. Hay veces que queremos controlar eventos, situaciones o personas y al igual que el niño lloramos descontroladamente, nos enojamos y no entendemos porque no estamos recibiendo lo que estamos pidiendo. Pero en este escenario somos el niño. Y el universo no nos está dando esto o aquello para protegernos y para llevarnos al camino que es el más apto para nosotros. Entonces cuando no podemos controlar ciertas cosas podemos dejar ir esa necesidad de tenerlo y entender y en vez podemos cambiar nuestra perspectiva. Si dejamos la idea de que todo tiene que estar bajo mi control, entonces los eventos se desencadenan en su progresión natural. Y tu sin luchar contra ella. Esto no significa que ya no luchemos por las cosas que queremos. Es bueno tener nuestras preferencias y tratamos de favorecerlas. Trabajar hacia metas personales y para las de un bien común es algo relevante. Eso no lo tenemos que dejar ir. Lo que tenemos que dejar ir son los tiempos específicos de cuando y como queremos que se den las cosas. Confiando en que el universo nos está dando aquello que es mejor para nosotros en cada momento de nuestra existencia. Con nuestra práctica diaria de meditación, empezamos a dejar la perspectiva de niño, de controlar y no entender y poco a poco vamos sincronizando nuestra perspectiva con aquella del universo. Sabiendo y entendiendo que todo llega en el tiempo que tiene que llegar y entonces podemos relajarnos y disfrutar.


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