Nuestra responsabilidad como seres humanos.


Cada cabeza es un mundo propio. Cada persona cree que su realidad es la verdadera. Y entonces, ¿quién tiene razón? Todos tenemos la razón. No hay tal cosa como una verdad absoluta, solamente hay niveles de conciencia. Cada ser vive y actúa dentro de lo que para ellos es correcto. Un girasol se mueve hacia el sol tratando de encontrar aquello que le da vida y ese es su estado de conciencia. Lo mismo pasa con los seres humanos. Cada ser humano es un mundo, una realidad, un nivel de conciencia y así vivimos nuestra realidad.

Como seres humanos tenemos la responsabilidad de entender esto. De saber que nuestra realidad es únicamente nuestra y que es probable que no todos la compartan o no coincida con la de otros. No es que una o la otra este mal, si no que ambas son reales e igual de válidas. Nuestra responsabilidad es saber que todo el mundo tiene una historia de vida, todo el mundo ha tenido momentos de felicidad y momentos de tristeza. Nuestra responsabilidad es compartirnos como seres humanos, compartir lo que somos y nuestra conciencia. No cerrarnos en nuestro propio mundo.

Como mediatores empezamos a entender cada vez más la realidad de los demás. Cuando nos hemos llegado a pelear muchas veces decimos cosas que no queremos decir. Y no nos gusta esa versión de nosotros mismos. Nosotros sabemos que tenemos una gran persona dentro, cualquiera que sea el nivel de conciencia. Al liberarnos de estrés empezamos a sacar con más frecuencia la mejor versión de nosotros mismos hasta que esa versión se vuelve la versión de todos los días. También aprendemos a reconocer la mejor versión en otras personas. Sabemos que cuando alguien no se comporta de manera ideal es porque esa persona esta estresada, es porque esa persona está actuando conforme lo que ellos creen que es correcto. Y al saber esto lo respetamos porque esa es su realidad y su conciencia. Y al aceptarlo se abre todo un panorama de posibilidades

Nuestra responsabilidad como meditadores y como seres humanos es extender la mano, es saber que cada persona tiene una historia de vida y un corazoncito que está latiendo y que a veces ha sufrido y a veces se ha regocijado de felicidad. Ese corazoncito quiere ser escuchado y quiere compartirse con el mundo. Entonces extendemos la mano y escuchamos; si se nos pregunta, entonces compartimos un poco de nuestra propia conciencia y creamos una conexión. Una conexión entre mentes, ente corazones, entre estados de conciencia. Y esta conexión, esta unión es lo que, al final del día, todos siempre estamos buscando.


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