Superando los problemas


De las más grandes enseñanzas que aprendemos conforme pasa la vida no es únicamente que aprendemos a resolver problemas que surgen en nuestras vidas, pero también nos damos cuenta que los empezamos a superar más rápido. Cosas que nos afectaban de niños o de adolescentes ya no nos afectan de la misma manera en nuestra vida adulta.

Poco a poco, mediante errores y lecciones de vida, vamos agregando capacidades y experiencias que nos hacen más grande que nuestros problemas.

De acuerdo a la perspectiva Védica, nuestro ser Grande o Superior existe más allá de todos los problemas con los que se identifica nuestra individualidad en el “pequeño yo”. Existen los problemas, pero no nos identificamos con ellos pensando que eso es lo que somos, somos mucho más que eso.

Mediante la práctica diaria de meditación, desarrollamos la capacidad de identificarnos más con nuestra consciencia, con nuestro estado de Ser Superior. Esto lo logramos porque cuando meditamos tenemos una experiencia pura y directa con ello. Conforme seguimos meditando empezamos a expandir nuestro punto de vista, y nuestra consciencia, empieza a ver y a vivir un plano más grande. Entonces se produce una claridad y un entendimiento superior a lo que creíamos que éramos y nos damos de nuestro infinito potencial. Así es como cultivamos más calma y claridad, dejamos ir las preocupaciones y la ansiedad.

Sucede entonces, que situaciones que en algún momento hubiéramos categorizado como problemas se convierten en oportunidades para crecer.

Dejar ir significa dejarnos ser libres y experimentar nuestro verdadero Ser. Confiamos en una perspectiva más amplia y nos damos cuenta de que nuestra naturaleza e inteligencia universal sabe mejor lo que es bueno para nosotros. Podemos dejar ir resultados y tiempos específicos que queremos que se den en nuestras vidas, entre más sucede eso, nuestras vidas se convierten en un rio sin fricción.

Un rio fluyendo a través de las montañas nunca está en apuros, fluyendo a través de cualquier obstáculo que haya con gracia y dignidad. Cada curva es como una nueva aventura, un territorio nuevo que nos asombra y deleita. Y el rio disfruta todo lo que hay en su camino porque sabe que siempre regresa de manera segura a su origen oceánico.

Esa vida es una vida de felicidad.


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