Somos postes de Luz…


Cuando empezamos a meditar es común que notemos cambios en nosotros. A lo mejor empezamos a dormir mejor, a lo mejor se nos empiezan a antojar cosas más sanas, a lo mejor nos enfermamos menos, a lo mejor la comida nos sabe más rica o los colores los vemos más brillantes.

Al principio estos cambios nos sorprenden mucho y nos dan mucha alegría. Con nuestra práctica diaria de meditación estos cambios se empiezan a estabilizar en nuestro ser y en nuestra vida diaria. Entonces los normalizamos y se vuelve nuestro estado natural.

Mientras seguimos meditando, seguimos evolucionado y cambiando. Cada vez que vivimos un cambio al principio nos sorprende y luego lo normalizamos otra vez.

Hay veces en las que normalizamos tanto nuestros cambios que a veces se nos olvida el cambio tan grande que hemos tenido. Se nos olvida lo que era nuestra vida antes de meditar. Pero si nos llegaran a regresar a ese cuerpo estresado en el que vivíamos antes de meditar, no lo toleraríamos.

Aunque a nosotros se nos vaya olvidando ese estado estresado en el que vivíamos, a las personas de nuestro alrededor no se les olvida. Y muchas veces son ellos los que notan los cambios tan drásticos en nosotros.

Muchos de mis alumnos, al normalizar, creen que no su cambio no ha sido tan grande. Pero al mismo tiempo ese mismo alumno influencia a personas de tal manera que llegan sus conocidos pidiéndome que por favor les enseñe a meditar porque quieren estar igual de felices que esa persona que los influencio.

Como meditadores, cada vez que interactuamos con alguien lo estamos elevando e influenciando de manera positiva.

Nos volvemos como postes de luz en una calle oscura. Las personas se ven atraídas por nuestro ser, por nuestra luz, por nuestra manera de vivir y de disfrutar la vida.

Simplemente meditando diariamente dos veces al día y siendo nuestro mejor ser, estamos cambiando al mundo.


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