Los Deseos — Parte 1
- 7 jun
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Buda fue una persona que alcanzó la iluminación, y como suele suceder con quienes están en estados de conciencia tan elevados, a veces es difícil transmitir esas verdades a personas que no están en esos mismos estados. Esto ha llevado a que algunas de sus enseñanzas se hayan malinterpretado, provocando que actuemos de maneras que quizá no eran exactamente lo que se buscaba enseñar.
Cuando Thom Knoles, mi maestro, estaba con Maharishi Mahesh Yogi, uno de sus trabajos era crear vínculos entre distintas tradiciones espirituales y sus líderes. Viajaba por el mundo fomentando estas relaciones. En uno de esos viajes, conversando con un importante líder budista, surgió este tema.
Entraron en un debate: Thom decía que no había manera de que Buda hubiera dicho que el deseo en sí era sufrimiento, mientras que el monje sostenía que sí. Decidieron revisar las escrituras originales, y encontraron algo muy interesante: en pali, la lengua original, la frase no decía que el deseo es sufrimiento, sino que incluía una palabra clave que se había omitido en muchas traducciones.
La frase original decía: “El apego al deseo trae sufrimiento.”
No es que el deseo en sí traiga sufrimiento; el problema es el apego al deseo. Los deseos son completamente naturales y humanos. Podemos desear comer algo, vivir ciertas experiencias, estudiar, conocer a alguien… y todo esto forma parte de la experiencia humana.
Desde la perspectiva védica, los deseos son muy importantes, porque son los que nos permiten movernos. Nos impulsan a crecer, aprender, explorar y evolucionar, tanto en el mundo como en la conciencia. Si eliminamos el deseo, eliminamos el movimiento, y por lo tanto, la evolución.
Por eso no queremos eliminar el deseo; lo que realmente queremos trabajar es el apego al deseo. Los deseos van a seguir surgiendo, incluso cuando creemos que no los queremos; porque el deseo de no desear también es un deseo.
Lo que buscamos es poder honrar esos deseos, seguirlos, experimentar hacia dónde nos llevan, y aprender, evolucionar y disfrutar el camino.
Lo que no queremos es estar rígidamente atados a ellos. El deseo puede estar, pero sin apego a cómo debe suceder ni a los tiempos en los que queremos que se manifieste.
Cuando imponemos nuestra agenda personal a los deseos, es cuando comenzamos a sufrir, porque nos aferramos a una forma específica de cómo deberían ser las cosas. Lo que no vemos es que, al soltar ese control, el universo nos sorprende con formas mucho más expansivas e inesperadas de lo que podríamos haber imaginado.
Deseemos. Permitamos que los deseos surjan. Pongámoslos en acción, pero soltemos la necesidad de controlar cómo y cuándo se cumplen, sabiendo que, en el panorama más amplio, la naturaleza sabe mejor cómo organizarlo todo.
Con todo mi cariño y Jai Guru Deva,
Isa

























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