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El Mundial - Lo Que Nos Une

  • hace 3 días
  • 2 min de lectura
Debo de admitir que aunque no soy una gran aficionada al fútbol, este Mundial me ha conmovido mucho.
Debo de admitir que aunque no soy una gran aficionada al fútbol, este Mundial me ha conmovido mucho.

Después de las victorias de México, ha sido precioso ver las calles llenas de personas celebrando juntas, cantando, ondeando banderas y compartiendo una misma alegría.


Esto va más allá de la victoria del fútbol, también estamos celebrando la experiencia de sentirnos conectados, de compartir una emoción, una ilusión y, aunque sea por unos momentos, recordar que formamos parte de algo más grande que nuestra experiencia individual.


En 1914, durante la Primera Guerra Mundial, ocurrió algo histórico y muy bonito conocido como la Tregua de Navidad. En un campo de batalla conocido como La Tierra de Nadie, llevaban meses peleando los soldados ingleses contra los alemanes.


En nochebuena, los soldados ingleses comenzaron a escuchar villancicos y canciones de Navidad que venían de las trincheras alemanas. Fue entonces que los soldados ingleses comenzaron a cantar también. Al día siguiente los soldados de ambos lados salieron de sus trincheras, intercambiaron comida, compartieron historias, cantaron juntos e incluso jugaron partidos amistosos de fútbol.


Por un día dejaron de verse como enemigos para verse como seres humanos.


Este concepto lo entendió muy bien Jules Rimet, quien fue presidente de la FIFA durante 33 años y una de las figuras más importantes en la creación del Mundial. Para Rimet


Rimet creía que el fútbol tenía la capacidad de trascender nacionalidades, religiones, clases sociales e ideologías políticas para así generar amistad, fraternidad y empatía. Su visión no era solamente acerca del fútbol; era acerca de encontrar una forma en la que la humanidad pudiera conectar. En el fondo, estaba menos interesado en el deporte mismo y más interesado en crear algo que nos ayudará a sentirnos parte de algo más grande que nosotros mismos y desde ahí, conectar con el otro.


Al leer sobre Rimet, me di cuenta de que su visión era profundamente humana y védica.


Esto es justamente lo que me ha conmovido tanto estos últimos días. Ver el cariño que ha existido entre Corea del Sur y México antes y después del partido ha sido un ejemplo perfecto de eso.


Presenciar esto no solo me ha hecho sentir orgullosa de ser mexicana; también me ha recordado lo hermoso que puede ser el mundo cuando nos unimos alrededor de algo que nos conecta con el otro y asimismo con el lado más precioso de la humanidad.


Eso es también mucho lo que la meditación puede hacer por nosotros. Nos ayuda a dejar de identificarnos exclusivamente con nuestra versión más pequeña e individual para conectar con algo más grande, más profundo y más universal. Nos permite experimentar que, debajo de todas nuestras diferencias, compartimos mucho más de lo que imaginamos.


Quizá el verdadero regalo del Mundial no es el resultado del partido, sino el recordatorio de que, debajo de todas nuestras diferencias, seguimos siendo una sola familia humana.


Sigamos encontrando maneras de conectar así profundamente, de celebrar juntos y de recordar todo aquello que nos une.


Con todo mi cariño y Jai Guru Deva,


Isa


 
 
 

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