No Importa Cómo Se Vea Tu Meditación
- hace 1 día
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A diferencia de otros tipos de meditación, en la Meditación Védica no buscamos una experiencia específica. No tratamos de callar los pensamientos, vaciar la mente ni controlar lo que sucede. De hecho, intentar hacerlo es casi como pedirle al corazón que deje de latir. La mente piensa; esa es su naturaleza.
Quizá por eso tantas personas creen que meditar es difícil.
En realidad, la Meditación Védica nos invita a hacer justo lo contrario: dejar de intentar controlar la mente para ir más allá de ella y permitir que la experiencia se desenvuelva por sí sola.
No se trata de que yo haga la meditación, sino de permitir que la meditación haga su trabajo en mí. Cada vez que meditamos, el cuerpo y la mente toman aquello que necesitan. Por eso ninguna meditación será igual a la anterior, y eso está perfectamente bien.
La instrucción es sorprendentemente simple: pensar el mantra de la manera más fácil y natural posible. Nada más. Pero estamos tan acostumbrados a creer que lo valioso tiene que ser complicado, que a veces necesitamos reaprender a confiar en la inteligencia de la simplicidad.
Mientras estés pensando el mantra de la manera más natural posible, lo estás haciendo bien.
Además, cada persona experimenta la meditación de forma distinta. Hay quienes son más visuales, otros más sensoriales o emocionales, y otros más auditivos. No existe una única manera "correcta" de meditar, porque cada sistema nervioso procesa la experiencia de forma diferente.
Y la misma persona también vivirá meditaciones distintas cada día.
Algunas veces habrá muchos pensamientos. Otras surgirán emociones que llevaban tiempo guardadas. Puede haber movimientos involuntarios, recuerdos, ideas, listas de pendientes, sueño, momentos de profundo silencio o incluso experiencias de trascendencia. Y otras veces ni siquiera recordarás qué ocurrió.
¿Y sabes qué?
Todas esas experiencias son válidas. Todas son meditación.
Lo que sucede durante la meditación responde a la inteligencia del cuerpo y a aquello que está listo para liberar, integrar o reparar en ese momento. El cuerpo sabe exactamente cómo mantenernos vivos: hace latir el corazón, regenera las células, equilibra nuestras funciones y realiza miles de procesos sin que tengamos que intervenir.
Con la meditación ocurre algo muy parecido.
Al acceder a estados profundos de descanso, permitimos que el cuerpo y el sistema nervioso hagan aquello para lo que fueron diseñados: reparar, purificar, reorganizar y expandirse, cada uno a su propio ritmo.
Por eso no juzgamos la experiencia. La permitimos, confiando en que la inteligencia que sostiene la vida también sabe exactamente cómo sostener nuestro proceso.
Y quizá lo más importante de todo es recordar que el éxito de la meditación no se mide dentro de la meditación, sino fuera de ella.
No meditamos para tener veinte minutos de paz y después volver al caos. Meditamos para transformar gradualmente nuestro sistema nervioso y nuestra conciencia, de manera que esa paz deje de ser una experiencia de veinte minutos y empiece a convertirse en nuestra forma natural de vivir.
Los verdaderos beneficios se revelan en el día a día: en cómo respondemos a los retos, en la claridad con la que tomamos decisiones, en la ligereza con la que vivimos y en la profundidad con la que disfrutamos la vida.
Con todo mi cariño y Jai Guru Deva,
Isa

























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